Tú no lo sabes pero siempre miro
tus fotos antes de irme a dormir todas las noches, imagino infinitas
posibilidades de comerte la vida y es que mi amor yo no quiero valer la pena,
yo quiero ser la causante de tus sonrisas, de tus risas cuando acabo de soltar
una tontería de las mías.
Quiero tantos viajes de ida como estrellas hay en el
firmamento, quiero aprenderme de memoria todas tus movidas con la ley y que mi
boca sea la regla que más te gusta romper, me veas o no.
Me he enamorado, me he enamorado
de tus dolores de cabeza cuando algo te agobia, de tus locuras después de tomar
unas cervezas de más, de tus inseguridades, de tu malhumor, de tu impulsividad
y de tus miedos, de todos los lugares a los que tenemos planeado visitar juntos.
Me he enamorado del monstruo de tu armario, de tu espíritu de corsario
y de tu alma de pirata perdido en Altamar, de ese tatuaje que llevas en tu
vientre o de la forma en la que me abrazas con tanta fuerza como si me dijeras:
no quiero que te vayas nunca y yo pensando… abrázame fuerte, flojo, despacio, rápido…
como lo prefieras que yo nunca me iré por eso, siempre te diré abrázame.
Así que por favor te lo pido,
háblame de cómo te perdías antes de perderte en mi boca, antes de volverme
loca, loca de remate por ti y por cada km de tu cuerpo.
Que tú eres quien me
frena cuando estoy a punto de estrellarme, quien me levanta cuando me caigo, que eres tú quien se cae para salvarme, siempre.
Que está princesa siempre tuvo que salvarse
sola pero ahora llegaste tú, príncipe de mi cuento para salvarme.
Háblame, abrázame, bésame,
apriétame fuerte.
Y entérate ya que no hay nada, absolutamente nada que me
de miedo ahí fuera, nada ni nadie.
Que el único miedo que habita en mi es el de
perderte, que un día te marches dejando las sábanas de mi cama tan frías que
nada vuelva a ser lo mismo. Porque has llegado conquistándolo todo.
Te Quiero, como jamás he sabido querer a
nadie.
Y sí, no hace falta que digas
nada, con tan solo mirarnos tú y yo lo sabemos todo pues inventamos un nuevo dialecto…
el de nuestras miradas, que no dicen nada y a su vez, lo dicen todo.